(versâo original em tuga lá em baixo)
Había días que llegaba a casa sin aliento
después de correr por las calles más viejas de la ciudad
desde la escuela hasta casa.
entraba y oía cantar fado.
Paraba a escuchar
no era un disco de Amália.
Era mi madre.
me sentaba en los escalones de piedra con la cartera en las rodillas
y el cuello hacia atras mirando la claraboya, en lo alto de la espiral de la escalera
la voz de mi madre venía del cielo.
los fados eran todos tristes, todos de Amália, todos sufridos.
Pero ella los cantaba mejor.
los cantaba mientras picaba cebolla para el sofrito,
picaba zanahoria, hacía palitos de patata,
desgranaba habas y garbanzos
rompiéndose las uñas, pillándose los dedos.
había una tristeza sin fin dentro de mi madre,
una tristeza que yo no entendía.
se callaba cuando oía mis pasos en la escalera.
yo sabía que se aguantaba las lágrimas para que nadie la viese llorar
pero la humedad se agarraba en sus pestañas,
los párpados seguían colorados,
y ella decía que era de la cebolla y yo sabía que era del fado.
después comprendí que no era el fado la causa de sus penas
sino la forma de hacerlas frente.
Havia dias em que chegava a casa esbaforida
depois da corrida pela rua
mais antiga do burgo,
entre a escola primária e a minha casa.Entrava e ouvia cantar o fado.
Parava à escuta.
Não era o disco da Amália.
Era a minha mãe.
Sentava-me nos degraus de pedra com a pasta pousada nos joelhos
e o pescoço dobrado para trás fitando a clarabóia lá em cima, no topo da espiral de escadas.
A voz da minha mãe vinha do céu.
Os fados eram todos tristes, todos da Amália, todos sofridos.
Mas ela cantava-os melhor.
Cantava-os enquanto picava cebolas para o estrugido,
cortava cenouras aos bocadinhos,
dividia batatas em palitos,
descascava feijões e grãos-de-bico,
enquanto partia unhas e decepava dedos.
Havia uma tristeza sem fim dentro da minha mãe,
uma tristeza que eu não entendia.
Calava-se quando ouvia os meus passos nas escadas.
Eu sabia que engolia as lágrimas para ninguém a ver chorar,
mas a humidade ficava agarrada às pestanas,
o inchaço vermelho às pálpebras;
e ela dizia que era das cebolas e eu dizia que era do fado.
O fado era o exorcismo dessa tristeza,
compreendi depois,
e não a razão da mesma.
O fado é o esconjuro das almas nascidas no fado errado. (aquí voo)
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